Luis Pastor en L’Hospitalet

Las horas compartidas con Luis Pastor el pasado fin de semana, en L’Hospitalet, tan cerca, además de mostrarme la actitud honesta de quien escribe canciones para explicarnos, sin concesiones, lo que nos pasa, han sido también escuela de vida. Su proximidad, su compromiso, su optimismo, su cariño (ese amor que reparte con unos abrazos que comprimen tu corazón) han sido un regalo y un ejemplo para conservar siempre. Y tendré la suerte de tenerlos dentro a la hora de escribir canciones.

El sábado, en Racó poètic L’Hospitalet, en El Viejo Piano, en la presentación de su poemario De un tiempo de cerezas, no pudo evitar ilustrarnos sus poemas con alguna de sus canciones. También nos anticipó algunas estrofas de sus memorias en verso, dignas de comentarse en clase de sociales, y esclarecedoras respecto a lo que significa memoria histórica, pasado común, identidad bien entendida.

El domingo, en L’Oncle Jack, nos regaló un concierto de tres horas y hubiésemos permanecido allí hasta el día siguiente. No éramos público, sino amigos absortos atrapados en la red de su cariño, en el amor que pone y que transmite cuando canta, cuando cuenta, cuando recita, cuando golpea su pecho y tu sentimiento.
Un huracán amable pasó ese fin de semana por nuestras vidas.
Gracias, Luis.

 

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